'Refugiados climáticos', las víctimas silenciosas del calentamiento global

El término refugiado ambiental o climático es, en realidad, legalmente incorrecto. Un refugiado como tal es alguien que tiene “temores fundados de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, o pertenencia a un grupo social en particular o a una opinión política, y que está fuera del país de su nacionalidad”.

Actualmente esta definición no incluye a aquellos desplazados por razones ambientales, por lo que millones de personas que se desplazan por razones climáticas se encuentran ante un vacío legal, político y social que, hasta la fecha, ningún Gobierno ni institución internacional sabe cómo afrontar.

En palabras de Kate Romer, coordinadora del Programa World Vision Australia, “debido a los actuales obstáculos legales y políticos para el reconocimiento de estos grupos de desplazados como refugiados, se hace imprescindible, un apoyo más efectivo para su protección, y el desarrollo de una definición clara de desplazado ambiental (EDP, por sus siglas en inglés: enviromental displaced person) como base para el posterior desarrollo de políticas adecuadas de actuación”.

Entre ellas, Romer se refiere a acuerdos migratorios para ayudar a las personas que sean, o puedan ser, potenciales desplazados; la firma y adhesión a los Principios Guías sobre Desplazamiento Interno, o la implicación para cubrir de forma efectiva las necesidades de protección de aquellos desplazados por el cambio climático dentro de las fronteras de cada país.

Refugiados ‘en el limbo’

Ya en 2015 la ONG Greenpeace alertaba del agravamiento del problema de los refugiados climáticos en el mundo, y denunciaba el hecho de que el derecho internacional siga sin reconocer esta figura de protección pese a que, según sus datos, “está recogida expresamente por la ONU”.

Efectivamente, según afirma Greenpeace, el concepto de refugiado climático “ha empezado a ser introducido por Naciones Unidas, pero después no se recoge en el derecho internacional como una de las causas que dan acceso a ese estatuto de protección”.

“Y en la medida en que no se frene el calentamiento global del planeta, y eso se traduzca en alteraciones climáticas, la cifra de refugiados ambientales va a seguir subiendo, con la dificultad añadida de probar que efectivamente lo son”, señalaba hace un año esta organización.

De hecho, Greenpeace critica que en el acuerdo firmado en la Cumbre de París (COP21)  no se mencione “expresamente” el término de refugiado climático y, “por contra, opte por hablar de derechos humanos”. “No se quiso dar ese rango de importancia, que las organizaciones ecologistas y sociales sí veíamos claro: el vínculo del calentamiento global no solo con los impactos en los ecosistemas, sino con los estragos humanos”, señalaba la ONG.

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Fuente: Compromiso Empresarial