Declarar Parque Nacional a la Isla de Aves no genera un solo litro de agua potable (dulce) a Venezuela | Hernán Papaterra

 

El anuncio de creación del Parque Nacional Isla de Aves, por el cual el enclave militar se convertiría en el parque nacional marino más grande del mundo, anunciado por la presidencia de la república e Inparques, en modo alguno se relaciona con los fines y propósitos del Día Mundial del Agua, cuyo tema y lema son “La naturaleza al servicio del agua” y “Garantía de agua limpia y saneamiento”.

La exhortación que hace Naciones Unidas con la celebración del Día Mundial del Agua aboga por volver a equilibrar el ciclo del agua a través de la plantación de nuevos bosques, la restauración de los humedales, para con ello mejorar la salud y medios de subsistencia de los seres humanos.

Venezuela carece de gestión adecuada de los recursos hídricos dulces y ello se patentiza en la continuada escasez de agua potable y para saneamiento. De hecho la sucesión de incendios forestales en todo el país –particularmente en los parques nacionales y monumentos naturales- obedecen al descuido y negligencia en la administración de los bosques, montañas y humedales de ríos y lagunas.

La Isla de Aves venezolana es apenas un enclave militar, ciertamente con una reserva faunística excepcional (anidación en el Caribe de la tortuga verde y un punto de paso de aves migratorias y hogar de varias especies de aves marinas) y que cuenta con una importante Estación o Base Científico Naval Simón Bolívar.

Hasta el agua potable para tomar, cocinar o lavar llega a Isla de Aves en los buques de la Armada.

Al río Orinoco llegan las aguas de más de 1.000 ríos, pese a ello el país padece uno de los peores servicios de acueductos y de agua potable en el mundo. Anuncian proteger un inmenso espacio de agua salada, no aprovechable para mitigar la necesidad de recursos, y mientras tanto desdeñan o mal administran las aguas continentales de gran potencial para surtir a las ciudades y cubrir los requerimientos industriales, agropecuarios, sanitarios y domésticos.

Es esta cuenca – la del Orinoco- la que debería ser tratada como parque nacional, si el gobierno fuera responsable, que no lo es, y si quisiera cubrir las necesidades hídricas y la seguridad alimentaria de la población venezolana, lo que está en duda, Por lo contrario, allí se cometen las peores tropelías ambientales de agotamiento y degradación de sus aguas, paradójicamente, por acción y omisión del gobierno.

En palabras del biólogo Alejandro Álvarez Iragorry , un Parque Nacional como el que creó el gobierno sería sólo una entelequia formada por miles de kilómetros de agua salada cuyo control y gestión sería extremadamente costosa, mientras que los parques nacionales marino-costeros del país languidecen y están siendo destruidos por la casi total falta de gestión en los mismos, incluso degradados.

Isla de Aves –lo advierte la ingeniero ambiental Edilia Oliveros- ya tiene la figura legal de Refugio de Fauna Silvestre, y es bien poco lo que se hace para protegerlas, incluso divulgarlas.

Para el investigador geográfico Wilmer Becerra, la figura actual, de Refugio de Fauna, es más restrictiva en el uso que se le puede dar a ese espacio; es decir, protege más. En un parque nacional se permiten ciertos usos que no soportaría una Abrae como la plantea el Gobierno, pues la isla de Aves es un cayo arenoso minúsculo en la inmensidad del mar territorial venezolano y en vías de desaparición (atentan contra su existencia los fuertes oleajes que la erosionan durante las tormentas tropicales y los huracanes que azotan esas latitudes durante la temporada de huracanes del Caribe, desde julio hasta noviembre, aproximadamente); tiene apenas unos 300 m de longitud por menos de 100 de ancho. Es absurdo que pretendan 'elevarla' a la categoría de parque nacional.

En cualquier caso, el decreto presidencial de declarar parque nacional a la Isla de Aves no contempla ninguna inversión en infraestructura verde que fomente una mejor calidad de vida y bienestar humano, que garantice un medio ambiente de alta calidad en el que poder vivir y trabajar; que mejore la biodiversidad local reconectando zonas naturales aisladas y aumentando la movilidad de la fauna silvestre en un paisaje más amplio;  que proteja contra el cambio climático y otras catástrofes medioambientales, por ejemplo, reduciendo las inundaciones, almacenado carbono o evitando la erosión del suelo.

El gobierno carece de política pública sobre el agua potable y para el saneamiento, al extremo que –en el Día Mundial del Agua – ni siquiera se pronuncia sobre el mandato de Naciones Unidas que tiene como fin acelerar las iniciativas encaminadas a hacer frente a los desafíos relativos a los recursos hídricos, para lo que la Asamblea General proclamó el período 2018-2028 Decenio Internacional para la Acción «Agua para el Desarrollo Sostenible», que comienza el 22 de marzo de 2018 y termina esa misma fecha en 2028.

Nuestro alerta y llamado de atención supone una exigencia legal y constitucional para llevar a cabo un cambio fundamental en la forma en que el país y su gobierno  gestionan el agua, y poder lograr así los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular el número 6, relativo al agua limpia y el saneamiento, que incluye una meta de reducir a la mitad la proporción de agua dilapidada y aumentar su reciclaje para contribuir a la economía circular.

No ha habido un esfuerzo importante de gobierno en estos últimos veinte años de acción para diseñar políticas para enfrentar la escasez del agua. En Venezuela hoy el 90% de las aguas residuales son descargadas en el mar, ríos y quebradas sin ser sometidas a tratamiento ni aprovechamiento, lo que impacta muy negativamente en el medio ambiente y la salud pública.