¿Agua mala para Caracas?

Los trasvases que operan en el centro del país pudieran estar contaminando los embalses que surten a la capital. Y la situación en Valencia y Aragua amenaza con empeorar. Por Oscar Medina

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Casi la totalidad de la superficie del embalse La Mariposa está cubierta de Bora, lo que evidencia alta concentración de nutrientes y fósforo aportados por aguas servidas y fertilizantes OSWER DIAZ MIRELES
EL UNIVERSAL
domingo 11 de marzo de 2012  12:00 AM
Años advirtiendo sobre la dudosa calidad del agua potable en la capital carabobeña recibieron una respuesta inesperada: el Gobierno incrementará el caudal contaminante que va desde el Lago de Valencia hasta los embalses que surten a la ciudad. Antes de irse a Cuba a velar por su salud, el Presidente Chávez aprobó 1.361 millones de bolívares para un plan de "solución estructural" al problema del aumento del nivel del Lago que podría tener consecuencias irreversibles sobre la salud de millones de personas.
 
El proyecto, anunciado por el vicepresidente Elías Jaua, no consiste en desalojar e indemnizar a las familias que viven en las riberas del lago. Ni en hacer las obras pendientes desde 1999. La idea de la comisión nombrada por el Ejecutivo para atacar el caso es hacer más de lo mismo: pasar de los 5 mil 600 litros de agua por segundo que actualmente van del Lago al embalse Pao Cachinche a un total de 18 mil litros por segundo en un periodo de tres años.
 
Las decisiones más recientes en el manejo del agua afectan no sólo a Valencia. Las medidas anunciadas por Jaua tendrán impacto en buena parte de Aragua. Y otras podrían empezar a tener consecuencias aún no medidas en el agua de los embalses que surten a Caracas y a los Altos Mirandinos.
 
"Desde 2007 se dispararon los parámetros de cloro residual y aluminio en el agua de Valencia", señala Lucio Herrera, del Movimiento por la Calidad del Agua y coordinador de la región central de la organización Anauco: "El mayor uso de cloro para la potabilización es evidencia de mayor carga bacteriana. Y el peróxido de aluminio lo usan para clarificar el agua. Ambos elementos superan las normas establecidas. Eso coincidió con el trasvase del Lago de Valencia al Pao Cachinche. Imagina lo que podrá pasar si se aumenta a 18 mil litros por segundo".
 
La ruta hacia el estado vecino la explica Herrera: "El Pao Cachinche se conecta con los embalses de Guataparo y Pao La Balsa, que suministran agua a la planta Lucio Baldó, que es la que potabiliza agua para Valencia y parte de Aragua. Son más de 3 millones de personas que serán sometidas a riesgos por la contaminación de los embalses. Esto califica como un delito de lesa humanidad y vamos a presentar recursos ante el Tribunal Supremo de Justicia".
 
El diputado Germán Benedetti quizás sea la persona que más ha estudiado y denunciado la situación del agua en Carabobo. Ahora tiene malas noticias para los caraqueños. Las investigaciones de Benedetti -entre otras cosas- trazan una ruta que dispara temores. Por una parte, el Lago de Valencia, que recibe las descargas de aguas negras de las urbanizaciones asentadas en sus cercanías, pero donde además van a parar aguas residuales de Aragua por dos vías: los ríos Turmero y Aragua y por el Caño de Aparo, que es una ruta de aliviadero de la Laguna de Taiguaiguai (Aragua) que a su vez está afectada por las descargas de Maracay, que incluyen -faltaba más- desechos industriales.
 
Por otra parte, siguiendo la explicación del diputado, tenemos un trasvase de 3 mil litros por segundo inaugurado en 2009 por el Presidente Chávez, desde la Laguna de Taiguaiguai hasta los valles de Tucutunemo que se supone es utilizado para riego. "Finalmente esas aguas van a parar al río Tucutunemo, que es afluente del río Guárico", apunta: "El río Guárico alimenta el embalse de Camatagua, desde donde se bombea agua a los embalses de La Mariposa, Lagartijo y Taguaza, que son los principales surtidores de Caracas". Pero Camatagua también alimenta la red de buena parte del estado Guárico.
 
¿Está contaminada el agua que reciben los caraqueños? De momento, Benedetti prefiere manejarse con una pizca de cautela: "Hay preocupación por el trasvase de aguas residuales que pudieran estar afectando a los embalses que surten a Caracas". Algunos puntos importantes sostienen esa preocupación: "Lo lógico es que no envíen aguas a las cuencas si no han sido tratadas previamente. Pero lo están haciendo. En Camatagua no hay planta de tratamiento. Se supone que en los embalses de la ciudad hay plantas potabilizadoras pero no estoy seguro de la calidad de sus aguas. Y hay que considerar otro aspecto: las aguas del Lago de Valencia tienen alta salinidad, una característica que impide el funcionamiento efectivo de los procesos de potabilización. No lo sabemos, pero es posible que algo de ese contenido pudiera estar afectando a las potabilizadoras de Caracas".
 
"Tenemos conocimiento de que el trasvase al Tucutunemo termina por llevar agua a Camatagua" dice Lucio Herrera: "Ya hemos advertido a organizaciones civiles de Caracas que hagan evaluaciones en la red. En La Mariposa es evidente el exceso de la planta llamada Bora y eso es un indicador de altas concentraciones de nitrógeno y fósforo que reflejan la mala condición de esas aguas".
 
Unas plantas, otras plantas
 
El área de investigación del director del Instituto de Biología Experimental de la UCV, Ernesto González, es la Limnología de embalses o ecología de embalses. Lo que observa en La Mariposa es un ejemplo evidente de lo que se conoce como proceso de eutrofización, que es -en resumen- el enriquecimiento con nutrientes y aumento de la actividad biológica.
 
Señala que por efecto de la actividad humana las proporciones de esos nutrientes se han elevado en el embalse: por las quebradas que bajan hasta La Mariposa y por los tributarios que arrastran aguas servidas y fertilizantes se explica tal aumento. "Los ríos El Cují, Los Indios y El Valle traen aguas servidas. El mayor flujo es desde El Valle y Camatagua".
 
Esa concentración de nutrientes aportadas por aguas tan comprometidas genera la aparición de densas poblaciones de algas o de plantas superiores acuáticas como el Jacinto de Agua, mejor conocido como Bora. "Al cubrir todo el cuerpo de agua no da paso a la luz y disminuye la concentración de oxígeno. Además, las plantas mueren y se descomponen en el fondo, liberando más nutrientes y sedimentando el embalse. Y las raíces de estas plantas pueden servir de hábitat a diversos microorganismos, incluyendo algunos no deseables. Hemos hecho estudios que evidencian la presencia de bacterias que tienen resistencia a los antibióticos y que posiblemente provengan de excretas de animales de granja o del hombre".
 
González insiste en que una cosa es lo que está en el embalse y otra el agua que se suministra. De hecho, confía en la efectividad de los procesos de Hidrocapital. Su llamado de atención se centra y se limita a su área de estudio: "No creo que las condiciones del embalse sean las más adecuadas, pero la situación es manejable. La hidrológica garantiza que el agua salga sin olores, transparente, sin materia. Eso lo vemos. Pero hay que hacer un control de esas plantas".
 
Sobre la llegada de agua a Camatagua por vía del trasvase del Lago de Valencia advierte que es algo que ha "escuchado", pero que "no sería grave si tuvieran el tratamiento previo". Y se enfoca en otros aspectos: "Si no se elimina el suministro de nutrientes, persistirá la situación en el embalse". La presencia excesiva de la Bora -añade- tiene otra consecuencia a considerar: cada planta puede evaporar hasta 1 litro diario de agua. Y La Mariposa está repleta: 90 por ciento de su superficie.
 
Ricardo Guerrero es biólogo y profesor en la UCV. Aunque no es su área directa de trabajo, ha logrado presentar ante la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional y a las autoridades del Municipio Los Salias sus apreciaciones sobre el embalse que también surte a los Altos Mirandinos: "Es difícil saber su situación actual porque no hay datos confiables. Uno espera y confía que Hidrocapital esté manejando las cosas como deben ser, pero hay indicios preocupantes". Señala, para empezar, la presencia descontrolada de Bora que se alimenta de aguas negras y fertilizantes agrícolas. "Eso no implica peligros si y solo sí se está haciendo el tratamiento correcto de esa agua".
 
A su juicio el mayor problema es el de la sedimentación del embalse: "Las plantas fijan la arena que cae producto de las invasiones de la parte alta de la cuenca. Y esa sedimentación sube el nivel del fondo, con riesgo de derrames, y puede tapar los filtros de la potabilizadora. Cuando tomas el agua en tu casa notas el sabor a cloro y por eso sabes que la están tratando, pero no tienes la certeza de que se esté haciendo bien".
 
De acuerdo a David López, coordinador nacional del sector ambiental de Primero Justicia, en la cuenca de La Mariposa se estima que viven unas 12 mil personas: "Además de comercios e industrias, eso genera un gran impacto sobre el embalse. El problema de las aguas servidas es de años. El embalse tiene plantas de potabilización pero cuando se contamina a estos niveles la planta ya no logra potabilizar al 100%".
 
¿Realmente son confiables los procesos? Fernando Morales, profesor de la Unidad de Gestión Ambiental de la Universidad Simón Bolívar, no es muy optimista. A principios del año pasado declaró: "Los sistemas de tratamiento que utilizamos para potabilizar el agua en Venezuela son convencionales, es decir, parten del precepto de que la fuente no está contaminada. En la actualidad, los cuerpos de agua de los que nos servimos han recibido descargas industriales y domésticas; por lo tanto, los procesos de tratamiento deben ser otros, más ajustados a esa situación". Se sumaba al coro que todavía hoy solicita al Ministerio del Ambiente información técnica concreta sobre la calidad del agua. Para Morales, la situación de los embalses debe ser peor en este momento. Y considera que no hay evidencia alguna de que las plantas -"que ya en los años 90 eran muy precarias"- hayan sido ajustadas a esta realidad.
 
El Decreto 883 (de 1995 y aún vigente) establece que el usuario tiene derecho a conocer las condiciones del agua que recibe. Eso, sin embargo, no se cumple. En este contexto, que se agrava por la toma de decisiones inconsultas, Germán Benedetti tiene una propuesta: "Ante esta desgracia hay que activar la contraloría social. Organizarse. No queda otra".
 
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